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El destierro de los olvidados

La vida nos agita y nos cimbrea cada nueva mañana que sigue a un día igual a otros. No hay amanecer que no nos conduzca a laberintos o quimeras.

La vida suele conmovernos en los más cercanos; en los no neutrales; en aquellos que para nosotros significan algo distinto, algo especial.

Todos ellos no se lamentan de la enfermedad. La soportan con una sonrisa que para mí quisiera mientras me quejo hasta el hastío de mil cosas estériles.

Unos recaen en males cuyo nombre asusta. Esos siguen aferrándose a la vida, cuando les queda mucha más que a mí. Me enseñan que vivir no es un hecho biológico, sino un ejercicio diario de fe y trinchera. No esperan milagros, la gesta la hacen ellos y los senderos que recorrerán cuando anochezca.

Otros no me dicen nada; nada quieren que sepa. Sobreviven de la mano de sus familiares a los que se encomiendan y junto a los cuales afrontan la pérdida o la zozobra de la existencia que pende. Me enseñan a apreciar aquello que no tengo como una idea o quizás como algo oculto que sospecho.

Ellos son importantes para todos; especialmente para mí. Me recuerdan el valor de aquellas cosas que están pero que no miramos. Gracias a ellos, subo la montaña hacia Monjuitc y no pienso en cuánto me queda para llegar, sino en el sol que asoma o en el árbol que se eleva. Ellos hacen que mi respiración sea plena y no un vaho que se agota… Ahora encuentro o vislumbro un secreto tras cada sombra o cada pisada que otros iniciaron y admiro la flor que se abre desafiante frente a una civilización que se hunde.

Todos ellos son rebeldes; contumaces en la rebeldía. Son únicos y son trascendentes. Todos ellos tienen quien les espera, tras una cortina o tras un vestíbulo en el que se han de descalzar para inmunizarse.

Ellos se han ganado el derecho a estar aquí; y están en mi corazón; como para muchos, llegado el día, estarán en la memoria. No en la vana, de nombres que a nadie importan o de cosas que no tienen valor, tales como la fama o el boato; sino en la de los imprescindibles que pelean cada minuto de sus vidas y las hacen únicas para ellos y para quienes les aman.

Mientras ellos viven; somos los demás, los desterrados en el olvido.

Que sirva esta crónica de admiración y de reconocimiento a los que, como ellos, son héroes y nos enseñan a serlo diariamente.

 

*Dedicado a P.L y a I.G.

 

José Luis Escañuela

Presidente

Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.