Skip to content


La sonrisa

Durante estos días, he tenido la oportunidad de asistir a diversas Galas donde se ha distinguido al Equipo Español de Copa Davis o a varios deportistas destacados en diferentes modalidades incluída la nuestra.

De vez en cuando, en este tipo de acontecimientos, tienes la ocasión de asistir a algún momento único e imperdurable en que alguna leyenda del deporte, recibe un Homenaje a su carrera deportiva en curso o concluída.

En estas ocasiones, siempre se suele animar la entrega con imágenes del pasado que evocan diferentes etapas de la vida de los deportistas.

A menudo, las trayectorias de éstos abarcan buenos y malos momentos; triunfos (generalmente) y también excepcionales derrotas. En todas ellas, siempre hay sonrisas…

Pues bien, en estas últimas Galas a las que he tenido la suerte de asistir, he percibido cómo los mejores han rememorado todos sus momentos especiales con permanentes sonrisas. Sonrisas abiertas que expresan gozo por la vida y por la existencia y que suelen ser idénticas en el lugar más alto del podium que en cualquiera de sus otros peldaños.

Esas sonrisas suelen ser más francas y más amplias cuanto más cercano el fin de sus carreras deportivas. Con el tiempo, también hay expresiones de júbilo, pero, rara vez, tan generosas como las que acompañan al momento inmediatamente posterior al abandono o la retirada.

Confieso que cada vez, -deben ser los años-, más me emociono con las sonrisas abiertas. Quizás sea debido a que, con el devenir de la existencia, difícilmente podemos abstraernos del dolor o de las pérdidas o quizás que, hacemos el discurso conveniente, en lugar del discurso que parte de la convicción. Tal vez, a fuerza de usar una máscara, nuestra expresión resulta forzada o inauténtica.

No hay ocasión o momento en que no te veas obligado a ser conveniente; ni circunstancia en que no puedas esconder todo tipo de emociones y sentimientos. Tal vez la vida fuera del deporte no tenga otro objeto que disimular lo que úno siente por encima de lo que ama o llora.

Es quizás en eso en lo que somos distintos a los deportistas. Durante estos tres años al frente de la Federación, he tenido grandes momentos. Especialmente, recuerdo la victoria de Rafa Nadal en el Open USA que me pareció mágica por todo lo que allí viví y ocurrió. Tengo otros muchos recuerdos que me hacen feliz, tantos como probablemente los éxitos de nuestros tenistas, en esta nuestra edad de oro.

Sin embargo, evocando el verso de José Agustin Goytisolo -”Palabras para Julia”, en el que decía que

“Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego”

quisiera pedir perdón por haber dejado pasar momentos en los que hubiera sido mejor llorar o reir, pero nunca disimular la emoción.

Hemos vivido muertes de personas queridas que han desaparecido de nuestro lado y que, alguna vez, surgen y nos sobrevuelan en un discurso o en un encuentro. Hemos volado de un lado a otro del mundo, en momentos que bien hubieran merecido dar gracias a la vida.

Al lado de estos deportistas que sonríen abiertamente, quizás sea el momento de perdonarme a mi mismo, por no poder llorar, o no poder morir cuando todo muere. En este trayecto final, donde todo lo vano se convierte en accidental, envidia siento a quienes rien, abiertamente, sin freno; a esos deportistas que están vivos y que agradecen a la vida el fulgor del relámpago.

Así que, pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, permítanme, -me lo merezco- que sonría abierta y generosamente ante un amanecer en Barcelona o un atardecer junto a un Faro de Rota, ante el que el sol se ahoga.

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

Etiquetas .