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Los ciclos

Si algo pudiera definir cuál es el debate en torno al deporte o a nuestro deporte, tal vez no sea otro que si ha acabado un ciclo o no; ya saben que yo he repetido hasta la saciedad que los ciclos tienen vencimiento natural y/o biológico y que nunca son forzados.

Hace unos días, coincidiendo con su trigésimo segundo cumpleaños, Juan Carlos Ferrero ha vuelto a prestar otro servicio más a la causa de la Selección Nacional. Jamás afirmó Juan Carlos que hubiera o haya finalizado su ciclo. Como nunca lo creyó, hoy más que nunca, es claro que su compromiso y su actuación en favor del Equipo no sólo no decae, sino que lo reafirma. Y estoy seguro que así seguirá siempre, en la misma forma que en Oviedo, sea en esta o en otra dirección.

Pero hoy me gustaría hablar de otros ciclos, de en qué momento uno pasa de una transitoriedad a otra. De cuándo la vida te da otra oportunidad o te priva de ella.

No hablo de victorias o derrotas, porque siempre y, cada vez más, me parecen ilusorias. Hablo de los recuerdos que anegan nuestra vida y de cómo importan más. Hablo de cómo, en un determinado momento, empiezas a sentir la inutilidad de la ambición hacia lo que haces o crees.

De cómo llega un dia en que ya no te queda vanidad; en que has colmado todo aquello que te movió durante un largo ciclo. Un momento en que te importan más los amigos reales que los miles imaginarios o fingidos. Un momento en que confías en la lealtad como concepto alrededor de quienes te rodean. Tal vez buscas bondad y ternura en los ojos que te miran, mucho más que supuesta admiración o distancia.

Hace una semana, en uno de los viajes por doquier que nuestro tenis recorre, evocaba con alguien el significado de aquella canción “vivir sin aire”; aquello de “cómo pudiera la flor vivir sin tierra”. De las emociones que nos despertaba y de cómo aun hoy nos hace temblar.

Y quiero, pues, rendir homenaje a aquellos amigos que lo están pasando mal en lo laboral o lo personal; de las rupturas que te cimbrean y te hacen caminar con la vista puesta en el abismo, hasta saltarlo definitivamente. Ya saben que lo que nos une es el miedo y lo que nos diferencia es el ritmo de cada paso con él.

Quiero, pues, encontrar respuesta sobre dónde estarán aquellas personas que fueron importantes en momentos de tu vida y de los cánceres y estigmas que a todos nos asolan.

Quiero, por una vez, apartarme del discurso conveniente; para recuperar la divinidad de los dieciocho años. Poder decir lo que piensas o responder de forma heterodoxa conforme a la autenticidad de tu ser. Levantarte un día desnudo en la orilla de un mar que amas y recorrerlo -sin miedo- pese al viento y la marea.

Tal vez volver atrás a esos pies descalzos con los que recorrías el mundo… y que ahora has olvidado hacerlo sin zapatos cómodos. Quisiera saber adónde fueron a parar aquellos sueños, en los que, en un último escorzo, volabas más allá del tiempo y de todo. Desecho la ambición o las expectativas de gloria… tempus fugit. tal vez es el momento en que esa fotografía sólo hace hurgar en la herida de ese pelo blanco o esas cicatrices solo visibles para ti.

Quiero, en fin, creer en otros ciclos, otras vidas en ésta y recuperar la poesía, y el sonido de tu corazón palpitando intensamente hacia lo que amas o deseas; y no por el abismo circundante.

Me apetece despreciar la maledicencia o el aplauso ficticio; sólo deseo en mi vida la ternura, la serenidad y, todo ello, acompañado de un buen vino con aquellos que sabes que estuvieron antes, ahora y, seguro, después.

Poner los hombros donde pongo solo palabras, que casi siempre quedan en nada…

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

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