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¿Por qué nos vamos a olvidar de cómo fabricar campeones?

Tras la abolición en 1972 del sistema Challenge Round para decidir la victoria final en la Copa Davis, sólo España ha levantando la ensaladera de plata en cinco ocasiones en un lapsus de 11 años, tres de ellas en las cuatro últimas ediciones del torneo. Desde que se iniciara el camino del éxito en aquella primera ronda de 2000 ante Italia, esa demostración de calidad y eficacia se ha gestado con la aportación de 14 jugadores distintos en 36 eliminatorias: Albert Costa, Àlex Corretja, Joan Balcells, Francisco Clavet, Juan Carlos Ferrero, Carlos Moyà, Alberto Martín, Tommy Robredo, Felicano López, Fernando Verdasco, David Ferrer, Nicolás Almagro, Marcel Granollers y Rafael Nadal.

Semejante bagaje solo es comparable al de la brutal factoría australiana de Harry Hopman entre 1950 y 1968, cuando Australia ganó 15 títulos, disputando 15 de 19 finales como local amparada por el sistema de la Challenge Round, y con nombres de leyenda en sus filas como Rod Laver, Roy Emerson, Neale Fraser, Lew Hoad, Ken Rosewall, Tony Roche, Frank Segdman, Ken McGregor, John Bromwich, Ashley Cooper, Rex Hartwig, Fred Stolle o John Newcombe.

El enorme empujón que en la década de los 90 dieron al tenis español las victorias en Grand Slam y Fed Cup de Sergi Bruguera, Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez, fueron la primera palanca de esta enorme catapulta actual denominada Armada. Tres números uno mundiales, 13 victorias en Grand Slams, y medallas olímpicas, encabezan junto a las cinco Copa Davis en seis finales, una lista de estadísticas de vértigo.

El tenis español no sólo domina, sino que rompe barreras, algo que en la Copa Davis se ha escenificado en victorias tan trascendentes como la final ante Argentina en Mar del Plata 2008, o la semifinal del pasado mes de julio en Austin ante Estados Unidos, ambas en pista rápida y sin el concurso de Rafa Nadal, el jugador más determinante de la historia del tenis español y uno de los grandes de todos los tiempos del deporte mundial.

De la mano de un gran contingente de técnicos, y de una buena pirámide de torneos en los que forjar promesas, el tenis español ha demostrado una inusual capacidad de fabricar grandes jugadores. La pócima no ha sido la inaceptable receta tramposa que airea Yannick Noah, sino el esfuerzo, el trabajo, la convicción, el compromiso, la ilusión y el constante empeño por mejorar.

Ahora que la final de la Copa Davis ha robado el corazón de los españoles, que han vivido lo sucedido en La Cartuja con una pasión y fidelidad que han hecho batir todos los récords de audiencia de este deporte ya de por sí de grandes audiencias, la alegría parece un tanto empañada por una pregunta en el aire: ¿Hay relevo en el tenis español? Hay análisis que auguran un negro futuro, veredictos influenciados sin duda por las declaraciones de los héroes de Sevilla dejando al margen su participación en las próximas eliminatorias.

Aunque es cierto que es irrepetible encadenar una época como la actual, no creo que España se haya olvidado de cómo fabricar tenistas competentes. Y tampoco creo que los héroes de Sevilla hayan dicho adiós a la competición de la ensaladera de plata, sino que han pedido un descanso mental y físico ante las exigencias que la misma supone en su intenso calendario. Estoy convencido de que si se acercan grandes momentos en esta competición mágica y trascendente, ellos estarán disponibles para defender una vez más a España.

No se puede analizar el futuro del tenis español sin hacerlo también con el resto de países. Aunque nadie dispone de la bola de cristal, para mi la pregunta en estos momentos es: ¿Hay relevo de tenistas para seguir aportando al tenis partidos de la calidad que ofrecen los duelos Roger Federer, Rafa Nadal, Novak Djokovic, Andy Murray, David Ferrer o Juan Martín Del Potro? Y mi respuesta a esa pregunta está tan cerca del no como alejada del sí. Y en ese análisis de un futuro de dominio incierto por una nueva hornada de jugadores que no presentan señas de megacracks, el tenis masculino español no tiene precisamente números negros. Las cifras así lo avalan.

Si analizamos el actual ranking mundial ATP y elaboramos una teórica clasificación de jugadores nacidos en 1991 y 1992 (Nadal es de la generación del 86), España tendría en estos momentos dos top-ten: Pablo Carreño (4) y Javier Martí (6), siendo el único país con dos jugadores de esa edad en el top-200 mundial. Sólo el australiano Bernard Tomic, el búlgaro Grigor Dimitrov y el estadounidense Ryan Harrison, todos ellos en el top-100, superan a Pablo Carreño (136), mientras que el taiwanés Yang Tsung-Hua se interpone entre Carreño y Javier Martí (185). Si la clasificación se ciñera a la generación del 92, Javier Martí sería tercero sólo superado por Tomic y Harrison.

Estos datos nos revelan asimismo que 13 de los países que figuran en el Grupo Mundial de la Copa Davis 2012: Francia, Suiza, República Checa, Italia, Serbia, Suecia, Kazajastán, Austria, Canadá, Japón, Croacia, Alemania y Argentina, no tienen jugadores de la generación 91 y 92 entre los 250 primeros de la clasificación mundial. Son sólo datos que quizás no predigan el futuro, pero que de alguna manera si nos deben servir para pensar que el ‘relevo generacional’ no es sólo un problema de España sino del tenis mundial. En una lista ATP generada con tenistas nacidos en 1990, 1991 y 1992, es decir con tenistas apenas cuatro años más jóvenes que Nadal, España mantendría un top-ten (Carreño, 9) y un top-20 (Martí, 17), siendo uno de los escasos países con dos top-20.

España sabe como fabricar jugadores. Lo sabe porque tiene buenos técnicos a los que incluso recurren grandes promesas extranjeras. ¿Porqué hemos de desconfiar tanto y pensar que se rompa esa cadena? Si nuestros técnicos, muchos de ellos de contrastado prestigio, tanto en las escuelas de formación de clubes, como en centros territoriales y academias privadas, mantienen la ilusión y el sacrificio que se necesita para formar a tenistas de competición, ¿porqué se nos va a olvidar nuestra receta de éxitos? Ellos son nuestro mejor activo, y no quiero citar nombres porque son muchos.

Los últimos años han sido muy buenos en los resultados de equipos juveniles españoles en competiciones internacionales. Yo confío en esos jugadores y técnicos, y en esa hornada de gente aún extremadamente joven que bajo el influjo de los héroes de la generación actual llenan las escuelas de peques en nuestros clubes. Sinceramente, el gran peligro que ahora mismo me parece se cierne sobre la estructura de nuestro tenis profesional, es que la crisis rompa esa pirámide de torneos de base en los que crecer. Pero esa crisis no va a cebarse sólo en España, ya que trasciende a todas las fronteras. Aún sabiendo que el momento actual es irrepetible, prefiero pensar en que hay esperanza a la que hay que dejar trabajar sin agobios y en equipo, como en la Copa Davis.

ANEXOS

RANKING MUNDIAL DE JUGADORES NACIDOS EN 1991 y 1992

1 Bernard Tomic (42 ATP) Australia 1992
2 Ryan Harrison (79 ATP) USA 1992
3 Grigor Dimitrov (76 ATP) Bulgaria 1991
4 Pablo Carreño (136 ATP) España 1991
5 Yang Tsung-Hua (173 ATP) Taiwán 1991
6 Javier Martí (185 ATP) España 1992
7 Laurynas Grigelis (198 ATP) Lituania 1991
8 Benjamin Mitchell (214 ATP) Australia 1992
9 Andrey Kuznetsov (222 ATP) Rusia 1991

RANKING MUNDIAL DE JUGADORES NACIDOS EN 1990, 1991 y 1992

1 Milos Raonic (31 ATP) Canadá 1990
2 Bernard Tomic (42 ATP) Australia 1992
3 Grigor Dimitrov (76 ATP) Bulgaria 1991
4 Ryan Harrison (79 ATP) USA 1992
5 Cedrik-Marcel Stebe (81 ATP) Alemania 1990
6 Vasek Pospisil (119 ATP) Canadá 1990
7 Ricardas Berankis (125 ATP) Lituania 1990
8 Alessandro Gianessi (135 ATP) Italia 1990
9 Pablo Carreño (136 ATP) España 1991
10 Evgeny Donskoy (144 ATP) Rusia 1990
11 Facundo Bagnis (151 ATP) Argentina 1990
12 Federico Delbonis (166 ATP) Argentina 1990
13 Gastao Elias (172 ATP) Portugal 1990
14 Yang Tsung-Hua (173 ATP) Taipeh 1991
15 David Goffin (174 ATP) Bélgica 1990
16 Ignatik Uladzimir (183 ATP) Bielorusia 1990
17 Javier Martí (185 ATP) España 1992
18 Dusan Lavojic (191 ATP) Serbia 1990
19 Laurynas Grigelis (198 ATP) Lituania 1991
20 Benjamin Mitchell (214 ATP) Australia 1992
21 Marius Copil (217 ATP) Rumania 1990
22 Jerry Janowicz (221 ATP) Polonia 1990
23 Andrey Kuznetsov (222 ATP) Rusia 1991
24 Guillaume Roufin (236 ATP) Francia 1990
25 Jan Lennard Struff (238 ATP) Alemania 1990

Pedro Hernández

Director de Comunicación de la RFET

Autor Pedro Hernández.

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