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La paz

En estos últimos días en los que muchas noticias nos han conmovido e incluso alguna de ellas han agitado el mundo, el cese de la actividad de la banda terrorista cuyo nombre ni siquiera pronunciaré, nos ha tocado de un modo especial.

Un amigo (primero ante todo) y miembro de la Junta Directiva de esta RFET (en segundo término), nada más pública la noticia, me envió un sms en el que me decía “ETA ha dejado las armas”… A continuación, le respondí que qué le parecía la noticia, recibiendo nuevamente un sms en el que me decía: “buena noticia para los que hemos estado en sus malditas listas”.

Hace también escasos días, en un Foro Económico europeo, coincidí con Luis del Olmo, quien también pasó por ese trago e incluso sobrevivió por la milagrosa intervención de un agente de Policía (DEP) que resultara asesinado como consecuencia de ello y que le salvó.

Sin entrar en valoraciones para las que no me encuentro capacitado, quiero pensar en los amigos/as que nos rodean y de los que ignoramos gran parte de sus vidas; las amenazas que les abruman a ellos y a sus familias; y los miedos que les acechan…

Tal vez analizando la envergadura de estas circunstancias, -nada más y nada menos que la pérdida violenta de una vida- valoremos la insignificancia de nuestros miedos; y el inmenso valor de la paz. Ya saben, dicen que la felicidad es la ausencia de miedo.

Pero más allá incluso de todo lo anterior, quiero expresar mi admiración por todos los que, a pesar de la incerteza de la existencia, mantienen el gozo y la valentía de seguir adelante; e incluso (no sé si yo sería capaz) de cruzar el umbral de una puerta segura, para salir a una calle donde alguien puede estar esperando sólo para robarte la vida.

Fue Confucio quien distinguió a aquellos hombres que buscan lo abstruso y lo insólito y viven una vida con el único espejismo de poder dejar su nombre para la posteridad; frente a aquellos que viven en completa armonía con el orden moral universal.

Después de la lectura de ese sms, quizás sea a éstos a los que se refiera el filósofo. A aquellos que han estado amenazados y han guardado silencio… a aquellos que han mantenido la dignidad, frente a las contrariedades de los protagonistas de la barbarie.

Como decía Santanaya “mi ateísmo es auténtica piedad hacia el universo…”. Así también, es mi convicción. No me hace falta la divinidad; porque estos hombres y amigos sí que son dioses…

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.