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Después de Roland Garros, Baudelaire…

Pasó Roland Garros con un nuevo triunfo de Rafael Nadal. Una victoria diferente, que nos hizo contemplar de un modo distinto la frontera entre ganar o perder. Esta escena posible, nos recordó lo importante que es para el tenis español cuánto nuestros jugadores hacen cada semana por él y nuestra responsabilidad de que continúe.

Y apenas siete días después, vivimos el hecho de la constitución de los Ayuntamientos, que siempre nos llenó de ilusión y que es una expresión vívida de la democracia, aun en el sistema de partidos.

Pero, más allá de ello, no quisiera dejar pasar dos muertes acaecidas en ese intervalo. La de Jorge Semprún y la de Leigh Fermor.

Leigh Fermor y Semprún unidos por el entusiasmo por la existencia alrededor de la leyenda y de la aventura, en un esfuerzo auténtico por vivir prolijamente sus propias vidas. “si volviera a vivir nuevamente mi vida, me relajaría más…, no sería tan perfecto, tendría menos problemas imaginarios…”

El primero, autor de libros de viaje inolvidables, que era capaz de llevarnos con su prosa –bellísima- al umbral de los Dioses y Heroes de la antigua Grecia o a caminar con él hasta arribar hasta Bizancio o Constantinopla.

Fermor era un hombre feliz y hedonista. Basándose en una de sus hazañas se rodó una Película, “Met by Moonlight”, donde Dick Bogarde hizo el papel de nuestro protagonista.

Y qué decir de Semprún, superviviente de tantos incendios vitales. Trato de sospecharlo envuelto en la bruma del campo de concentración de Buchenwald, rodeado de exterminio y de muerte.

Ambos han fallecido en esta semana que siguió a una nueva gesta de Nadal. Quiero quedarme con dos episodios de sus vidas:

-El de Fermor, cuando perseguido por los nazis en las laderas del Ida, recitaba junto a Moss–de memoria y en latín- los poemas de la Oda a Horacio Ad Thaliarchum.

-De Semprún, al lado de un moribundo Halbwachs, entre excrementos del campo de concentración alemán, recitándole al oído, en su agonía, Las Flores del Mal de Baudelaire, en pie contra “el enemigo funesto”.

Todo ello me ha evocado otros momentos singulares, como la conquista de Aquaba por Lawrence de Arabia; también cronista, también hombre de acción, como Fermor o Semprún. O a Prados y Altolaguirre, entre las trincheras, reconociendo su más íntimo y secreto anhelo vital.

En un fin de semana entre evocaciones singulares a Dioses (que nos hacen más estúpidos)… me quedo con el secreto laberinto que nos lleva a la acción y a la poesía. Cuando Dios no está, sólo nos queda ésta. Y quiero imaginar a Jorge Semprún, a Emilio Prados, a Manuel Altolaguirre, a Fermor, a Lawrence de Arabia, a tantos otros…volando sobre la muerte, sobre las alas de unos modestos versos de Baudelaire, que ignoran a los Dioses y que nos recuerdan que el milagro de la existencia tiene que ver con la belleza simpar del fracaso y de la derrota.

Hace unos años, recibí un mensaje de autor desconocido en mi móvil que decía “¿para cuándo tu próxima hazaña?”

En los estertores de un sistema que se despide, tal vez nuestra única hazaña (o azaña), sea la poesía. Ser héroes en pie contra el enemigo funesto, donde quiera que estemos. Ya saben, como decía Heráclito, hay una armonía superior en lo invisible que en lo visible.

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

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