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Fed Cup: Tallin Día 0

Pedro_hernandezLos primeros instantes de la concentración de un equipo son siempre especiales. Aunque casi todos sus componentes se ven a diario, el primer contacto en equipo es siempre especial. Abrazos, risas, ilusión, compañerismo, bromas, consignas. Que si tu me facturas esto, que si me puedes llevar aquello, que si te has acordado de lo que te pedí, que si compartimos bocadillo, que si alguien se ha dejado una bufanda, que si intercambiamos revistas para el avión…. Aunque parezca rutinario, al final son pequeños pero importantes detalles que dicen mucho de lo que puede pasar durante la concentración.

Así comenzó el viaje a Tallin del equipo español de Fed Cup, y asi acabó la jornada compartiendo cena en una mesa cuadrangular con un enorme olivo en el centro en un restaurante cercano al hotel de concentración de Tallin, la capital de Estonia. Del hotel al restaurante un pequeño paseo de cinco minutos, a cero grados, y rodeados por la nieve, en una ciudad en la que a las cinco de la tarde es noche cerrada y que desde el avión vimos espolvoreada por el blanco elemento.

El viaje largo, con escala en Copenhague, sin tiempo apenas más que para un hola, felicidades y adiós con muchos de los fantásticos medallistas de la selección española de balonmano y medios de comunicación que regresaban a España. No hubo ni un segundo para un bocadillo, por lo que a eso de las seis de la tarde, cuando llegamos al hotel de Tallin, el bar y sus bocatas fue literalmente asaltado por un equipo hambriento. Luego, logística de habitaciones, en especial la de los fisios, mayores y habilitadas con camillas, que durante la concentración se convierten en el lugar más visitado después de la pista.

Y todo y con eso, una visita de hora y media a esa pista en la que España se enfrentará a Estonia el fin de semana. Pequeña, apenas unos 1.500 espectadores, y ubicada en un complejo funcional y bastante moderno de pistas indoor. La superficie gustó a las jugadoras y al capitán: una pista dura indoor similar a las de los circuitos, con un bote más alto de la pelota que en anteriores eliminatorias a domicilio. Apenas una hora de ejercicios para activar el cuerpo tras el viaje. Luego, de nuevo las risas, las complicidades y todo ello alrededor de un olivo. Y de la cena, tras una larga jornada, como bien reza nuestro dicho: cada mochuelo a su olivo.

Pedro Hernández
Director de Comunicación de la RFET

Autor Pedro Hernández.

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