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La hazaña de ser Dios

presidente_2La zona cero de la Gran Manzana sigue siendo un cementerio, porque del total de las personas fallecidas el 11 S, más de un millar aún siguen sin ser identificadas. El vicepresidente de EE.UU. Joe Biden leyó junto al lugar en que la reconstrucción se opone a un sol que se ahoga, un poema de Wadsworth Longefellow.

Dicho poema dice así:

“else our lives are incomplete,
Standing in these walls of time,
Broken starways, where the feet
Stumble as they seek to climb”

Junto a la zona cero, un cartel luminoso con una fotografía del Presidente de Irán, Ahmadineyad, indica “you are not welcome”. Otro cartel idéntico preside Times Square. La sociedad americana evoca las pérdidas pero la sangre derramada genera el desbordamiento de su revancha, en un ciclo sin fin e interminable.

Más que un lugar de recogimiento y de dolor, el estanque adyacente parece turbarse desde la intolerancia y el resentimiento. Como dice Ghandi, es inútil estrechar la mano de quien mantiene el puño cerrado.

En esta semana de evocación y melancolía, nuestro Rafael Nadal se convirtió en Dios. Sólo siete jugadores en la historia han ganado el Grand Slam. Con 24 años, Rafa accede a la leyenda desde la gesta de su primer triunfo en el Open USA. Jugadores como Borg, Rosewall o McEnroe, no consiguieron siquiera formar parte de ese selecto club.

Hace unos días, una polémica cruzó el mundo, cuando Hawkings demostró la inexistencia de Dios. A partir del Big Bang de hace 15 billones de años, el ser humano ha progresado superando y trascendiendo cualquier estado evolutivo anterior. La Gran Cadena del Ser concierne a siete Chakras que ascienden de la materia al nirvana. El tiempo se ha convertido en la negación de la muerte y la magia en su proscripción.

Hegel decía que la historia es lo que el hombre hace con la muerte. Y en este camino insondable hacia ella, Rafa consiguió la hazaña de ser Dios. No hay más dioses que los hombres, ni más gestas que las del individuo. Así, emocionado ante una ruidosa pista americana, tras dos días épicos de lluvia y tormenta, evoqué otros momentos para mí mágicos y emotivos, como fueron la controvertida llegada del hombre a la Luna, o la coronación del Everest por Mallory e Irvine cuando una nube objetó su demostración, recompensando a éstos con la tragedia de su desaparición, pero con la vida eterna de su gloria.

Dicen que los aborígenes australianos queman sus aldeas tras la muerte de uno de ellos, distanciando a la muerte de alcanzarlos. Pues bien, la pista de Flushing Meadows fue quemada y arrasada por un jugador de leyenda. Con su triunfo, Rafa alejó a la muerte definitivamente, y a todos los que allí estuvimos (especialmente los españoles), nos hizo entender que habíamos formado parte de un momento único que tal vez sólo le pertenecía a él.

La desolación de la quimera que diría Cernuda en el exilio, o el oficio de vivir mientras todos mueren, quedan en la penumbra de una noche fría y de lluvia en septiembre justo después de un nuevo 11 S, en que la tormenta nos recordó que para algunos como Lawrence de Arabia o Rafael Nadal, el destino no está escrito.

José Luis Escañuela

Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

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