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Reflexiones tras el Verano: el Experimento Stanford

presidente_2En este corto pero intenso Verano, muchas han sido las reflexiones y las emociones vividas. Cierto es que no ha habido mucho tiempo para el descanso, al coincidir todo con la Asamblea de la Federación Internacional de Tenis, lo que nos brindó la posibilidad de compartir momentos con nuestros jugadores en Estados Unidos, donde estuvimos, entre otros, con Juan Carlos Ferrero, Feliciano López, Rafael Nadal, Tommy Robredo y Lourdes Domínguez.

Todos ellos expresaban la ilusión por un torneo que comenzaba, y que hoy lleva camino de proporcionar un día histórico que excede del ámbito de lo nacional. Bueno sería que así fuera. Hay hitos que están fuera de la lógica humana y cuyos protagonistas formarán parte para siempre de la gloria. Esto probablemente ocurrirá el próximo domingo.

Pero más allá de esta coyuntura, el Verano ha sido propicio en dolor, ansiedades, melancolía, meditación y aprendizaje de la serenidad. Alguna despedida que debe ser la preparación para un reencuentro futuro y algún dolor que propicie un renacimiento.

Entre todas las conversaciones mantenidas quiero traer a este Blog la que tuvo lugar en Sevilla, en un tórrida noche de verano, con una buena amiga y destacada Psicóloga Deportiva. En ella, para determinar la bondad o la maldad intrínseca del hombre, evocamos el que se denominó Experimento Stanford.

Dicho experimento, que se realizó en Estados Unidos, consistía en la selección mediante una remuneración de varios estudiantes que habrían de recrear una prisión, interpretando diferentes papeles aleatorios, ya fueran como guardianes, ya fueran como prisioneros. Como escenario, se estableció los sótanos de dicha universidad americana. Para ello, los carceleros irían con gafas de sol, uniforme y armados con porras. Los prisioneros, en cambio, sólo dispondrían de una bata y unas sandalias.

La duración del experimento era de catorce días. Sin embargo, su duración no llegó a la mitad. Al segundo día, los guardianes (hacían ese papel), empezaron a transgredir normas y a extremar la dureza y las sanciones sobre los prisioneros que fueron detenidos siguiendo protocolos policiales. Estos experimentaron desde ese día situaciones de trastorno adaptativo y emocional graves.

El autor del experimento desempeñaba la función de Superintendente y convino en la degradación. Lo cierto es que sólo tras una ocasional visita de su compañera sentimental, que salió llorando al ver las condiciones y el trato denigrante que se prestaba a los “presos”, reaccionó suspendiendo el experimento, no sin previas quejas de los “carceleros” que incluso se aplicaron sin compensación a realizar horas extraordinarias.

En definitiva, trata dicha investigación, como se ha dicho, sobre si el ser humano es bueno o malo por naturaleza. La disquisición evoca los orígenes de la filosofía e incluso del Anarquismo, como teoría natural. Pero sobre todo nos hace reflexionar sobre el poder en cualquiera de sus dimensiones y en cómo, con su ejercicio, la maldad impera.

Es difícil saber si el destino existe o si, por el contrario, en todo confluye el azar. Jung hablaba de sincronías para justificar un mundo “perfecto” donde, sin embargo, nuestros miedos infantiles acaban finalmente apareciendo. La conclusión no parece ser la maldad del individuo, sino la maldad intrínseca del poder.

Por mi parte, recordar el Libro del Tao en cuanto a que “quien no busca el mérito éste no le es negado”. Y también, como no, los versos de Whitman, sobre que “no hay arte, profesión u oficio, en que quien lo ejerce no pueda ser un héroe”.

Y para acabar “paz, piedad y perdón”. No son palabras mías, aunque siempre me emocionan al evocarlas. Quizás la respuesta al experimento no sea la ausencia total del poder, por inviable en una sociedad desgraciadamente imperfecta; pero sí nos enseñe el camino del corazón, que no es otro que el altruismo y la compasión.

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

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