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Un simple torneo de verano

Pedro_hernandez“Nosotros simplemente organizamos un torneo de verano para nuestros socios”. Con estas simples palabras, los rectores del All England Lawn Tennis and Croquet Club de Wimbledon, han despachado un significativo número de reuniones relacionadas con posibles cambios de calendario, alianzas y asuntos supuestamente trascendentes para el tenis mundial. Guste o no, ‘Wimbledon is different ‘. Y lo seguirá siendo, porque en esa diferencia está su esencia: la que convierte a un torneo de verano en el más grande de los torneos, lo ganes siendo número uno mundial, saliendo de la fase previa o como cabeza de serie número 32.

Aquí no se permiten banderas, hay que vestir de blanco raqueta en mano, y las vuvuzelas son ‘elemento non grato’. Faltaría más. Aquí si se necesita música la ponen la Band of Royal Marines de Plymouth, la Central Band of The Royal Air Force o cualquier otra banda militar que se pasea por el Aorangi Park o la pista central perfectamente uniformados y moviéndose como playmobils. Bueno, para animar algunas jornadas de lluvia antes de que se cubriera el pasado año la central, también se les ocurrió hace años darle un micrófono a Sir Clif Richard, cuyas canciones coreadas incluso por jugadores sonaban a ensayo de pachanga verbenera. Pero fue la excepción que confirma la regla.

En estas latitudes sólo hay algo que se intuye superior a que un tenista gane en Wimbledon: ¡Que lo gane un británico! Pero sólo se intuye, ya que desde que lo lograra Fred Perry en 1936, los inventores de este juego de jardín evolucionado en las reglas por el Mayor Wingfield, no han coronado a un campeón masculino. Es decir, que la memoria histórica de alegrías locales está archivada desde hace 74 años en carpetas de recortes de prensa ya amarillentos por Allan Little, el bibliotecario del club, o en las viejas cintas de la BBC, para quién acabó trabajando el propio Fred Perry.

Es cierto que en 1977, el último año en el que ‘The Queen’ visitó el club, la vencedora fue la británica Virginia Wade. Fue un momento de orgullo nacional, con la Reina Madre entregando a una compatriota el dorado plato Rosewater en el año del Centenario del nacimiento del torneo, en una edición en la que por primera vez hubo chicas recogepelotas, pero no en la central. Pero el deseo de un campeón masculino es enorme. En Wimbledon, la única estatua levantada para inmortalizar a un campeón es la de Fred Perry, justo en el córner del pasillo que desde la puerta 5 da acceso a la entrada del salón social.

Y la esperanza se llama Andy Murray, lo que plantea una curiosidad ‘nacional’ más que significativa. En un Londres plagado de banderas de Inglaterra, a la espera de que la filosofía italiana de Capello les lleve lejos en un Mundial de fútbol del que han superado la primera fase con más pena que gloria, desterrando a un portero y maldiciendo a casi todos sus jugadores, ¿quién enarbola aquí la bandera de Escocia por Murray? Veremos al británico campeón o al escocés perdedor. Mañana Andy Murray saludará a la Reina Madre. Eso sí, en un simple torneo de verano.

Pedro Hernández
Director de Comunicación de la RFET

Autor Pedro Hernández.

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