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París, día cero

Pedro_hernandezRoland Garros ha llegado puntual a su cita. Ni la erupción del volcán Eyjafjalla (los más bromistas de facebook dicen que en realidad las desventuras de la aviación no son debidas a cenizas volcánicas sino a Chuck Norris haciendo una barbacoa), ha impedido que este aviador francés, que jamás jugó al tenis, aterrice en el Bois de Boulgogne para unir durante dos semanas su nombre al de la flor y nata del tenis mundial.

Todo está en su sitio, pese a que hay un debate abierto sobre la futura ubicación de un torneo que ambiciona más espacio. Marne-la-Vallée, Versailles, Eurodisney, Val-d’Oise y un rediseño en el propio Bois de Boulogne están sobre la mesa de negociación entre la ciudad y la Federación Francesa que, además de espacio, quiere cubrir sus pistas principales para asegurar la transmisión televisiva.

A la espera de saber si Roland Garros deberá aterrizar algún día junto a Mickey Mouse y Mary Poppins, o si la Plaza de los Mosqueteros se trasladará a Versalles (nadie sabe quién juega aquí el papel de Cardenal Richelieu), las sensaciones más poderosas que se palpan en este segundo Grand Slam del año son dos: el papel de indiscutible favorito de Rafael Nadal en el cuadro masculino, y el desconcierto y desgobierno total en el tenis femenino en lo que a candidatas al título se refiere.

Dada esa superioridad estadística y real de Nadal, así como de la fuerza del tenis masculino español que ha hecho muy bien sus deberes este año en tierra batida, pero que tiene a todos sus grandes ‘outsiders’ en la misma zona del cuadro final, Francia vive este Roland Garros buscando, una vez más, una figura fiable para su afición. Sin muchas esperanzas sobre esta superficie para Jo-Wilfried Tsonga y Gäel Monfils, la confianza en un renacido Richard Gasquet tras su victoria en Niza ante Verdasco se diluye por el miedo escénico que este jugador tiene a Roland Garros, así como por la maldad de un sorteo que le ha emparejado con Andy Murray a las primeras de cambio.

Con estas coordenadas, la fuerza mediática del tenis francés viaja entre París e Irán. Mientras Sarkzoy impulsa el proyecto de ley para la prohibición del burka, Aravane Rezaï, hija de iraníes que emigraron a Francia, con ambos pasaportes en su cartera, es la gran esperanza del tenis francés, la mujer de moda. Rezaï rehuye hablar de política islámica, pero apareció hace unos años dando su apoyo en un vídeo de la campaña de Mahmoud Ahmadinejad.

Curiosamente, la historia de Rezaï con Roland Garros habla más de guerra que de tenis. Esa historia señala a un padre que la entrenó con métodos casi militares (descalza, bajo la lluvia y bajo la nieve), habla de un padre que se enfrentó con golpes a la Federación Francesa, que llegó a negar a su hija una invitación para al torneo y la apartó de su tutela por la violencia de su padre, y habla de una reconciliación para formar parte de sus equipos nacionales.

Rezaï es la esperanza, como lo fue hace un par de años Marion Bartoli, que reivindicaba independencia para Córcega y también estuvo entrenada por un padre autoritario y rocambolesco en sus métodos que se enfrentó a la federación. También fue esperanza, y nunca superó ese miedo escénico, una Amélie Mauresmo ya retirada, que no pudo sumar en París una alegría para el tenis galo que data ya de Mary Pierce, francesa de origen americano y con otro padre conflictivo. ¿Francia, política, Roland Garros, Eurodisney? Mejor será que esto se ponga en marcha y el tenis nos depare grandes emociones y que los nuestros sean los protagonistas.

Pedro Hernández
Director de Comunicación
Real Federación Española de Tenis

Autor Pedro Hernández.

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