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El destierro de los olvidados

La vida nos agita y nos cimbrea cada nueva mañana que sigue a un día igual a otros. No hay amanecer que no nos conduzca a laberintos o quimeras.

La vida suele conmovernos en los más cercanos; en los no neutrales; en aquellos que para nosotros significan algo distinto, algo especial.

Todos ellos no se lamentan de la enfermedad. La soportan con una sonrisa que para mí quisiera mientras me quejo hasta el hastío de mil cosas estériles.

Unos recaen en males cuyo nombre asusta. Esos siguen aferrándose a la vida, cuando les queda mucha más que a mí. Me enseñan que vivir no es un hecho biológico, sino un ejercicio diario de fe y trinchera. No esperan milagros, la gesta la hacen ellos y los senderos que recorrerán cuando anochezca.

Otros no me dicen nada; nada quieren que sepa. Sobreviven de la mano de sus familiares a los que se encomiendan y junto a los cuales afrontan la pérdida o la zozobra de la existencia que pende. Me enseñan a apreciar aquello que no tengo como una idea o quizás como algo oculto que sospecho.

Ellos son importantes para todos; especialmente para mí. Me recuerdan el valor de aquellas cosas que están pero que no miramos. Gracias a ellos, subo la montaña hacia Monjuitc y no pienso en cuánto me queda para llegar, sino en el sol que asoma o en el árbol que se eleva. Ellos hacen que mi respiración sea plena y no un vaho que se agota… Ahora encuentro o vislumbro un secreto tras cada sombra o cada pisada que otros iniciaron y admiro la flor que se abre desafiante frente a una civilización que se hunde.

Todos ellos son rebeldes; contumaces en la rebeldía. Son únicos y son trascendentes. Todos ellos tienen quien les espera, tras una cortina o tras un vestíbulo en el que se han de descalzar para inmunizarse.

Ellos se han ganado el derecho a estar aquí; y están en mi corazón; como para muchos, llegado el día, estarán en la memoria. No en la vana, de nombres que a nadie importan o de cosas que no tienen valor, tales como la fama o el boato; sino en la de los imprescindibles que pelean cada minuto de sus vidas y las hacen únicas para ellos y para quienes les aman.

Mientras ellos viven; somos los demás, los desterrados en el olvido.

Que sirva esta crónica de admiración y de reconocimiento a los que, como ellos, son héroes y nos enseñan a serlo diariamente.

 

*Dedicado a P.L y a I.G.

 

José Luis Escañuela

Presidente

Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.


Los besos no se gastan

Decía Borges que las cosas que suceden improvisadas, suelen ser más auténticas que aquellas que responden a una planificación.

Después de llegar a Barcelona, tras un largo periplo en el que el Equipo español superó la Eliminatoria de Cuartos de la Copa Davis, frente a Austria; y sobrevivir a un largo día, en que todo pareció conmoverse, decidí dar un paseo sin rumbo por esta ciudad que habito.

En la confluencia de la calle Balmes con Mallorca, hay una bonita librería que se llama La Central. En ella, un autor mejicano presentaba un Libro, sobre los naufragios y sobre los infiernos.

Al día siguiente, al llegar a la Federación, en la cima de Monjuitc, me encontré un hermoso regalo, en forma de Libro llamado “Los besos no se gastan”, de una muy conocida periodista y escritora, que colabora habitualmente con un Programa llamado el Hormiguero y que se llama Raquel Martos. Para mi, no hay regalo más valioso, ni que me haga más ilusión que un Libro. De todas las cosas perdidas, nada suele producir más quebranto que su extravío. Mirando cualquier biblioteca, -yo que perdí la mía-, hay una sensación de vacío, de falta de referencia en los libros ajenos. Sin embargo, respecto de los propios siempre hay una conexión insospechada a un momento, a una emoción o a una pérdida.

Recuerdo a alguien que fue especial, que solía subrayar aquellos pasajes que le conmovían. La relectura de esos mismos pasajes en la distancia temporal de los años, te aproximaba, más que al Libro, a la emoción de su lector. En cualquier caso, una Biblioteca de otro, sin sentido para nosotros, lo alcanza para su dueño de forma indeleble y conmovedora.

La historia de este hermoso libro de Raquel Martos, evoca aquello proscrito por los budistas y los taoístas que es el apego. Hay un cierta desesperación vital en aquello que estamos condenados a hacer: los compromisos, los matrimonios, los hijos, todo aquello que nos ata compulsivamente. Una desesperación que arranca de la monotonía de lo cotidiano.

Sobre esa base, la escritora –en un estilo ágil y dinámico – nos narra el encadenamiento a lo inevitable como redención personal. Como dice la autora “el dolor emocional resulta más difícil de combatir, cuando se apodera de nosotros, nos gustaría desmayarnos, dejar de sentir, dormir y despertar cuando todo hubiera pasado. Pero eso  no pasa…”.

Uno desea que aquello que te zarandea sea desplazado por otro dolor; o que siquiera fuera imaginario. Así funcionan los ansiolíticos, en cuanto relevan del pensamiento compulsivo hacia lo insoportable. Transcurrido su efecto, el dolor no queda postergado; vuelve y vuelve como la marea degrada las rocas que la circundan.

Frente a esta desesperación, Raquel Martos nos propone la locura. Nos trae a Jack Kerouac, con una frase que no conocía. Recuerdo de Kerouac un poema que fuera norte de juveniles desdichas en el que decía “…mi amada que no quiere amarme: Mi vida que no puede amarme: las seduzco a ambas. Ella con mis besos rotundos… la vida es mi arte… y sin autorización vivo….”

Este inesperado regalo de una insólita, fresca y sorprendente escritora, me recordó que, a pesar del infierno; a pesar del dolor o de la pena; siempre nos quedará la locura. Esa que nos hacía diferentes y amarillos “estallando como arañas entre las estrellas”.

Así que gracias Raquel -a la que me uní en una lluviosa mañana sobre Barcelona- por recordarme la locura… Si todos la practicáramos quizás algunas cosas quedarían cerradas para siempre.

José Luis Escañuela

Presidente Real Federación Española de Tenis

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La sonrisa

Durante estos días, he tenido la oportunidad de asistir a diversas Galas donde se ha distinguido al Equipo Español de Copa Davis o a varios deportistas destacados en diferentes modalidades incluída la nuestra.

De vez en cuando, en este tipo de acontecimientos, tienes la ocasión de asistir a algún momento único e imperdurable en que alguna leyenda del deporte, recibe un Homenaje a su carrera deportiva en curso o concluída.

En estas ocasiones, siempre se suele animar la entrega con imágenes del pasado que evocan diferentes etapas de la vida de los deportistas.

A menudo, las trayectorias de éstos abarcan buenos y malos momentos; triunfos (generalmente) y también excepcionales derrotas. En todas ellas, siempre hay sonrisas…

Pues bien, en estas últimas Galas a las que he tenido la suerte de asistir, he percibido cómo los mejores han rememorado todos sus momentos especiales con permanentes sonrisas. Sonrisas abiertas que expresan gozo por la vida y por la existencia y que suelen ser idénticas en el lugar más alto del podium que en cualquiera de sus otros peldaños.

Esas sonrisas suelen ser más francas y más amplias cuanto más cercano el fin de sus carreras deportivas. Con el tiempo, también hay expresiones de júbilo, pero, rara vez, tan generosas como las que acompañan al momento inmediatamente posterior al abandono o la retirada.

Confieso que cada vez, -deben ser los años-, más me emociono con las sonrisas abiertas. Quizás sea debido a que, con el devenir de la existencia, difícilmente podemos abstraernos del dolor o de las pérdidas o quizás que, hacemos el discurso conveniente, en lugar del discurso que parte de la convicción. Tal vez, a fuerza de usar una máscara, nuestra expresión resulta forzada o inauténtica.

No hay ocasión o momento en que no te veas obligado a ser conveniente; ni circunstancia en que no puedas esconder todo tipo de emociones y sentimientos. Tal vez la vida fuera del deporte no tenga otro objeto que disimular lo que úno siente por encima de lo que ama o llora.

Es quizás en eso en lo que somos distintos a los deportistas. Durante estos tres años al frente de la Federación, he tenido grandes momentos. Especialmente, recuerdo la victoria de Rafa Nadal en el Open USA que me pareció mágica por todo lo que allí viví y ocurrió. Tengo otros muchos recuerdos que me hacen feliz, tantos como probablemente los éxitos de nuestros tenistas, en esta nuestra edad de oro.

Sin embargo, evocando el verso de José Agustin Goytisolo -”Palabras para Julia”, en el que decía que

“Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego”

quisiera pedir perdón por haber dejado pasar momentos en los que hubiera sido mejor llorar o reir, pero nunca disimular la emoción.

Hemos vivido muertes de personas queridas que han desaparecido de nuestro lado y que, alguna vez, surgen y nos sobrevuelan en un discurso o en un encuentro. Hemos volado de un lado a otro del mundo, en momentos que bien hubieran merecido dar gracias a la vida.

Al lado de estos deportistas que sonríen abiertamente, quizás sea el momento de perdonarme a mi mismo, por no poder llorar, o no poder morir cuando todo muere. En este trayecto final, donde todo lo vano se convierte en accidental, envidia siento a quienes rien, abiertamente, sin freno; a esos deportistas que están vivos y que agradecen a la vida el fulgor del relámpago.

Así que, pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, permítanme, -me lo merezco- que sonría abierta y generosamente ante un amanecer en Barcelona o un atardecer junto a un Faro de Rota, ante el que el sol se ahoga.

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

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Los ciclos

Si algo pudiera definir cuál es el debate en torno al deporte o a nuestro deporte, tal vez no sea otro que si ha acabado un ciclo o no; ya saben que yo he repetido hasta la saciedad que los ciclos tienen vencimiento natural y/o biológico y que nunca son forzados.

Hace unos días, coincidiendo con su trigésimo segundo cumpleaños, Juan Carlos Ferrero ha vuelto a prestar otro servicio más a la causa de la Selección Nacional. Jamás afirmó Juan Carlos que hubiera o haya finalizado su ciclo. Como nunca lo creyó, hoy más que nunca, es claro que su compromiso y su actuación en favor del Equipo no sólo no decae, sino que lo reafirma. Y estoy seguro que así seguirá siempre, en la misma forma que en Oviedo, sea en esta o en otra dirección.

Pero hoy me gustaría hablar de otros ciclos, de en qué momento uno pasa de una transitoriedad a otra. De cuándo la vida te da otra oportunidad o te priva de ella.

No hablo de victorias o derrotas, porque siempre y, cada vez más, me parecen ilusorias. Hablo de los recuerdos que anegan nuestra vida y de cómo importan más. Hablo de cómo, en un determinado momento, empiezas a sentir la inutilidad de la ambición hacia lo que haces o crees.

De cómo llega un dia en que ya no te queda vanidad; en que has colmado todo aquello que te movió durante un largo ciclo. Un momento en que te importan más los amigos reales que los miles imaginarios o fingidos. Un momento en que confías en la lealtad como concepto alrededor de quienes te rodean. Tal vez buscas bondad y ternura en los ojos que te miran, mucho más que supuesta admiración o distancia.

Hace una semana, en uno de los viajes por doquier que nuestro tenis recorre, evocaba con alguien el significado de aquella canción “vivir sin aire”; aquello de “cómo pudiera la flor vivir sin tierra”. De las emociones que nos despertaba y de cómo aun hoy nos hace temblar.

Y quiero, pues, rendir homenaje a aquellos amigos que lo están pasando mal en lo laboral o lo personal; de las rupturas que te cimbrean y te hacen caminar con la vista puesta en el abismo, hasta saltarlo definitivamente. Ya saben que lo que nos une es el miedo y lo que nos diferencia es el ritmo de cada paso con él.

Quiero, pues, encontrar respuesta sobre dónde estarán aquellas personas que fueron importantes en momentos de tu vida y de los cánceres y estigmas que a todos nos asolan.

Quiero, por una vez, apartarme del discurso conveniente; para recuperar la divinidad de los dieciocho años. Poder decir lo que piensas o responder de forma heterodoxa conforme a la autenticidad de tu ser. Levantarte un día desnudo en la orilla de un mar que amas y recorrerlo -sin miedo- pese al viento y la marea.

Tal vez volver atrás a esos pies descalzos con los que recorrías el mundo… y que ahora has olvidado hacerlo sin zapatos cómodos. Quisiera saber adónde fueron a parar aquellos sueños, en los que, en un último escorzo, volabas más allá del tiempo y de todo. Desecho la ambición o las expectativas de gloria… tempus fugit. tal vez es el momento en que esa fotografía sólo hace hurgar en la herida de ese pelo blanco o esas cicatrices solo visibles para ti.

Quiero, en fin, creer en otros ciclos, otras vidas en ésta y recuperar la poesía, y el sonido de tu corazón palpitando intensamente hacia lo que amas o deseas; y no por el abismo circundante.

Me apetece despreciar la maledicencia o el aplauso ficticio; sólo deseo en mi vida la ternura, la serenidad y, todo ello, acompañado de un buen vino con aquellos que sabes que estuvieron antes, ahora y, seguro, después.

Poner los hombros donde pongo solo palabras, que casi siempre quedan en nada…

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

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La memoria del corazón

Recientes investigaciones parecen concluir que, más allá del cerebro, el corazón tiene memoria. Y que los afectos, los anhelos, las luces y sombras de nuestras vidas no sólo se ubican neuronalmente, sino que, también, tal vez, se residencian en la tierra.

He repetido varias veces que, quizás, la asignatura pendiente del ser humano, sería disponer de un dispositivo que le permitiera retener sensaciones, de manera que, en la ausencia de ellas, pudierámos evocarlas, como si estuviéramos nuevamente allí, cuando ocurrieron.

Para los sufíes –que no tienen dogmas ni doctrinas-, no existen fronteras en el Universo; sino que, todo está conectado entre sí. La tarea esencial del ser humano consiste, pues, en limpiar nuestro corazón de ego o autoengaño. En palabras de Khrisnamurti,

“y en esa distancia, la división de entre el que ve y lo visto,
En esa división radica todo el conflicto del hombre…”

En un año que se anticipa duro en los retos –con unos Juegos Olímpicos, en los que el tenis nunca dejó de ser medalla-; y donde afrontamos la Permanencia en el Grupo Mundial del Equipo de Copa Federación; así como los derivados de una Copa Davis que tal vez esconda unas Semifinales posibles, quiero recomendar a todos los que nos haceis grandes, mirar con el corazón.

En la memoria de éste, dejo las emociones vividas en el 2.011 e intento retenerlas en el sendero del corazón. Y al hilo de los tiempos que vendrán, de los retos que este año 2.012 nos brindará, tal vez fuera necesario, como decía Ramón Sampedro,

“Dejadme… para que me abrace el sol, el viento y la luna,
mientras la vida me devore mordisco a mordisco…”

Gracias a todos y mis mejores deseos para nuestros jugadores y jugadoras que hacen España en cada Campeonato.

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

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Sueños para 2012

Prometo que intenté alargar el año 2011 cuanto pude. Que hubiera deseado que no llegara a su fin. Y ello no sólo por razones vinculadas a nuestro deporte sino también de índole personal. Y es que este año que acaba nos ha traído grandes satisfacciones que permanecerán para siempre en el tenis español; y también momentos personales irrepetibles por los que doy gracias.

Lo conseguido en Sevilla por nuestra Selección reviste caracteres que exceden del terreno de los resultados o de la competencia. El espectáculo de Sevilla da una idea diferente al sentido de lo que nuestro deporte representa. 27.700 espectadores y audiencias por encima del 36%, demuestran lo que somos capaces de crear y representar. Cierto es que la dicotomía entre lo que supone el tenis como deporte popular y masivo, es contradicho por quienes lo sitúan como deporte de élite. Pero más allá de lo anterior, y, saben que yo siempre me he situado entre los primeros, las cifras de la Final de Sevilla, son incontrovertibles.

Hace menos de tres años que llegué a la Presidencia de la RFET. y, ante la pregunta de si seríamos capaces de reeditar los éxitos, contesté que lo mejor estaba por llegar.

Y así ha sido, la Final de Sevilla fue vista por mayor audiencia aún en la repetición de sus imágenes; y el partido de Nadal contra Delpo, ha sido el más visto en la historia de las Finales Davis. En cuanto al recinto, puede que no fuera el idóneo para un evento de tenis considerado en términos ideales; sin embargo, el esfuerzo de adaptación del mismo realizado por el Ayuntamiento de Sevilla y el equipo de la RFET. nos ha brindado un posicionamiento único que habrá que aprovechar.

Por otro lado, desde la RFET hemos tomado decisiones varias que nos han hecho poder compartir el triunfo de una manera especial. Primero fue sufragar el ojo de Halcón en Bélgica, lo que coadyuvó a que en USA fuera asumido por la ITF; después, el recurso contra la pista que la Federación Americana había “preparado” para recibirnos en Austin. Y finalmente, los medios que se pusieron a favor de Nadal y Ferrer para comparecer en Córdoba en las Semifinales contra Francia, que ya habíamos ganado desde nuestra salida -una hora después de concluir la Final- de Nueva York.

Así que -ya ven- tengo razones poderosas para intentar extender el año 2.011 mucho más de su fecha de terminación.

Es evidente que la Copa Davis (Campeonato del Mundo de Tenis) no se regala, sino que se conquista; y así ha sido nuevamente. Por mi parte, quiero agradecer especialmente su compromiso a los aficionados que nos siguieron en Córdoba y en Sevilla. Sus ciudades se entregaron a un momento único que pertenece a la gloria. De igual modo, estas ciudades apostaron por el deporte, y, a la postre, ha significado para ellas parámetros económicos notabilísimos con índices de desempleo inferiores a idénticos periodos de -nada menos- 2.007.

Pero, en especial, quiero tener un recuerdo de corazón para los aficionados que estuvieron en Sevilla en las gradas posteriores al recinto que comprendía la pista. Ellos nos hacen especialmente grandes.

Sobre todas las cosas, nos ha interesado siempre crear las mejores condiciones para el éxito deportivo. Así lo fue en Córdoba, con un “calor” climático y de público que juzgábamos sería favorable a nuestros intereses; y lo fue en Sevilla, donde un recinto de capacidad extraordinaria nos posibilitó competir con una pujante hinchada argentina, que nos hubiera “devorado” en un pabellón inferior.

Si a ello unimos el apoyo de la Casa Real durante toda la Final y la presencia de todas las autoridades nacionales y autonómicas, es para sentirnos extraordinariamente felices como deporte y como fenómeno social.

Muchos son los retos del 2.012, donde existe una tendencia al apartamiento del deporte de la acción política o pública de la que discrepo. Pero a esto le dedicaré otro artículo; mientras tanto, dejenme por favor que alargue un poco más 2.011.

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

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¿Por qué nos vamos a olvidar de cómo fabricar campeones?

Tras la abolición en 1972 del sistema Challenge Round para decidir la victoria final en la Copa Davis, sólo España ha levantando la ensaladera de plata en cinco ocasiones en un lapsus de 11 años, tres de ellas en las cuatro últimas ediciones del torneo. Desde que se iniciara el camino del éxito en aquella primera ronda de 2000 ante Italia, esa demostración de calidad y eficacia se ha gestado con la aportación de 14 jugadores distintos en 36 eliminatorias: Albert Costa, Àlex Corretja, Joan Balcells, Francisco Clavet, Juan Carlos Ferrero, Carlos Moyà, Alberto Martín, Tommy Robredo, Felicano López, Fernando Verdasco, David Ferrer, Nicolás Almagro, Marcel Granollers y Rafael Nadal.

Semejante bagaje solo es comparable al de la brutal factoría australiana de Harry Hopman entre 1950 y 1968, cuando Australia ganó 15 títulos, disputando 15 de 19 finales como local amparada por el sistema de la Challenge Round, y con nombres de leyenda en sus filas como Rod Laver, Roy Emerson, Neale Fraser, Lew Hoad, Ken Rosewall, Tony Roche, Frank Segdman, Ken McGregor, John Bromwich, Ashley Cooper, Rex Hartwig, Fred Stolle o John Newcombe.

El enorme empujón que en la década de los 90 dieron al tenis español las victorias en Grand Slam y Fed Cup de Sergi Bruguera, Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez, fueron la primera palanca de esta enorme catapulta actual denominada Armada. Tres números uno mundiales, 13 victorias en Grand Slams, y medallas olímpicas, encabezan junto a las cinco Copa Davis en seis finales, una lista de estadísticas de vértigo.

El tenis español no sólo domina, sino que rompe barreras, algo que en la Copa Davis se ha escenificado en victorias tan trascendentes como la final ante Argentina en Mar del Plata 2008, o la semifinal del pasado mes de julio en Austin ante Estados Unidos, ambas en pista rápida y sin el concurso de Rafa Nadal, el jugador más determinante de la historia del tenis español y uno de los grandes de todos los tiempos del deporte mundial.

De la mano de un gran contingente de técnicos, y de una buena pirámide de torneos en los que forjar promesas, el tenis español ha demostrado una inusual capacidad de fabricar grandes jugadores. La pócima no ha sido la inaceptable receta tramposa que airea Yannick Noah, sino el esfuerzo, el trabajo, la convicción, el compromiso, la ilusión y el constante empeño por mejorar.

Ahora que la final de la Copa Davis ha robado el corazón de los españoles, que han vivido lo sucedido en La Cartuja con una pasión y fidelidad que han hecho batir todos los récords de audiencia de este deporte ya de por sí de grandes audiencias, la alegría parece un tanto empañada por una pregunta en el aire: ¿Hay relevo en el tenis español? Hay análisis que auguran un negro futuro, veredictos influenciados sin duda por las declaraciones de los héroes de Sevilla dejando al margen su participación en las próximas eliminatorias.

Aunque es cierto que es irrepetible encadenar una época como la actual, no creo que España se haya olvidado de cómo fabricar tenistas competentes. Y tampoco creo que los héroes de Sevilla hayan dicho adiós a la competición de la ensaladera de plata, sino que han pedido un descanso mental y físico ante las exigencias que la misma supone en su intenso calendario. Estoy convencido de que si se acercan grandes momentos en esta competición mágica y trascendente, ellos estarán disponibles para defender una vez más a España.

No se puede analizar el futuro del tenis español sin hacerlo también con el resto de países. Aunque nadie dispone de la bola de cristal, para mi la pregunta en estos momentos es: ¿Hay relevo de tenistas para seguir aportando al tenis partidos de la calidad que ofrecen los duelos Roger Federer, Rafa Nadal, Novak Djokovic, Andy Murray, David Ferrer o Juan Martín Del Potro? Y mi respuesta a esa pregunta está tan cerca del no como alejada del sí. Y en ese análisis de un futuro de dominio incierto por una nueva hornada de jugadores que no presentan señas de megacracks, el tenis masculino español no tiene precisamente números negros. Las cifras así lo avalan.

Si analizamos el actual ranking mundial ATP y elaboramos una teórica clasificación de jugadores nacidos en 1991 y 1992 (Nadal es de la generación del 86), España tendría en estos momentos dos top-ten: Pablo Carreño (4) y Javier Martí (6), siendo el único país con dos jugadores de esa edad en el top-200 mundial. Sólo el australiano Bernard Tomic, el búlgaro Grigor Dimitrov y el estadounidense Ryan Harrison, todos ellos en el top-100, superan a Pablo Carreño (136), mientras que el taiwanés Yang Tsung-Hua se interpone entre Carreño y Javier Martí (185). Si la clasificación se ciñera a la generación del 92, Javier Martí sería tercero sólo superado por Tomic y Harrison.

Estos datos nos revelan asimismo que 13 de los países que figuran en el Grupo Mundial de la Copa Davis 2012: Francia, Suiza, República Checa, Italia, Serbia, Suecia, Kazajastán, Austria, Canadá, Japón, Croacia, Alemania y Argentina, no tienen jugadores de la generación 91 y 92 entre los 250 primeros de la clasificación mundial. Son sólo datos que quizás no predigan el futuro, pero que de alguna manera si nos deben servir para pensar que el ‘relevo generacional’ no es sólo un problema de España sino del tenis mundial. En una lista ATP generada con tenistas nacidos en 1990, 1991 y 1992, es decir con tenistas apenas cuatro años más jóvenes que Nadal, España mantendría un top-ten (Carreño, 9) y un top-20 (Martí, 17), siendo uno de los escasos países con dos top-20.

España sabe como fabricar jugadores. Lo sabe porque tiene buenos técnicos a los que incluso recurren grandes promesas extranjeras. ¿Porqué hemos de desconfiar tanto y pensar que se rompa esa cadena? Si nuestros técnicos, muchos de ellos de contrastado prestigio, tanto en las escuelas de formación de clubes, como en centros territoriales y academias privadas, mantienen la ilusión y el sacrificio que se necesita para formar a tenistas de competición, ¿porqué se nos va a olvidar nuestra receta de éxitos? Ellos son nuestro mejor activo, y no quiero citar nombres porque son muchos.

Los últimos años han sido muy buenos en los resultados de equipos juveniles españoles en competiciones internacionales. Yo confío en esos jugadores y técnicos, y en esa hornada de gente aún extremadamente joven que bajo el influjo de los héroes de la generación actual llenan las escuelas de peques en nuestros clubes. Sinceramente, el gran peligro que ahora mismo me parece se cierne sobre la estructura de nuestro tenis profesional, es que la crisis rompa esa pirámide de torneos de base en los que crecer. Pero esa crisis no va a cebarse sólo en España, ya que trasciende a todas las fronteras. Aún sabiendo que el momento actual es irrepetible, prefiero pensar en que hay esperanza a la que hay que dejar trabajar sin agobios y en equipo, como en la Copa Davis.

ANEXOS

RANKING MUNDIAL DE JUGADORES NACIDOS EN 1991 y 1992

1 Bernard Tomic (42 ATP) Australia 1992
2 Ryan Harrison (79 ATP) USA 1992
3 Grigor Dimitrov (76 ATP) Bulgaria 1991
4 Pablo Carreño (136 ATP) España 1991
5 Yang Tsung-Hua (173 ATP) Taiwán 1991
6 Javier Martí (185 ATP) España 1992
7 Laurynas Grigelis (198 ATP) Lituania 1991
8 Benjamin Mitchell (214 ATP) Australia 1992
9 Andrey Kuznetsov (222 ATP) Rusia 1991

RANKING MUNDIAL DE JUGADORES NACIDOS EN 1990, 1991 y 1992

1 Milos Raonic (31 ATP) Canadá 1990
2 Bernard Tomic (42 ATP) Australia 1992
3 Grigor Dimitrov (76 ATP) Bulgaria 1991
4 Ryan Harrison (79 ATP) USA 1992
5 Cedrik-Marcel Stebe (81 ATP) Alemania 1990
6 Vasek Pospisil (119 ATP) Canadá 1990
7 Ricardas Berankis (125 ATP) Lituania 1990
8 Alessandro Gianessi (135 ATP) Italia 1990
9 Pablo Carreño (136 ATP) España 1991
10 Evgeny Donskoy (144 ATP) Rusia 1990
11 Facundo Bagnis (151 ATP) Argentina 1990
12 Federico Delbonis (166 ATP) Argentina 1990
13 Gastao Elias (172 ATP) Portugal 1990
14 Yang Tsung-Hua (173 ATP) Taipeh 1991
15 David Goffin (174 ATP) Bélgica 1990
16 Ignatik Uladzimir (183 ATP) Bielorusia 1990
17 Javier Martí (185 ATP) España 1992
18 Dusan Lavojic (191 ATP) Serbia 1990
19 Laurynas Grigelis (198 ATP) Lituania 1991
20 Benjamin Mitchell (214 ATP) Australia 1992
21 Marius Copil (217 ATP) Rumania 1990
22 Jerry Janowicz (221 ATP) Polonia 1990
23 Andrey Kuznetsov (222 ATP) Rusia 1991
24 Guillaume Roufin (236 ATP) Francia 1990
25 Jan Lennard Struff (238 ATP) Alemania 1990

Pedro Hernández

Director de Comunicación de la RFET

Autor Pedro Hernández.

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La cima del Everest

La Final de la Copa Davis -que culminó en victoria ante Argentina- ha supuesto una de esas alegrías imperdurables que forma ya parte de la historia del tenis español.

Fue el partido de tenis más visto en la historia de la Copa Davis con una cuota de 32´6 por ciento de cuota de pantalla y alrededor de cuatro millones de espectadores. El minuto de oro fue a las 17´21 horas, en el momento que Nadal aseguró la Ensaladera para España. (41´4 por ciento y 6´2 millones de espectadores) superando en múltiples parámetros al que llaman “deporte rey”.

Además de esos datos, la presencia del Rey ininterrumpidamente; y la del Príncipe el Sábado (primera vez desde 1992 que asistían juntos a un evento deportivo desde la Final de Waterpolo de los Juegos Olímpicos), han propiciado que este acontecimiento haya confirmado todas las previsiones de lo que el tenis puede llegar a alcanzar desde el punto de vista social y mediático. Es la definitiva superación de la frontera entre el mal llamado deporte elitista y el fenómeno de masas.

Sin duda alguna, estos Jugadores han superado todos los retos posibles; y de una manera u otra, son los que han propiciado éxitos sin solución de continuidad. Y todos ellos son coautores, puesto que no cabe olvidar la victoria en Mar del Plata o la reciente de Austin, sin la cual, no hubieramos levantado la Ensaladera.

Desde el punto de vista de la estrategia de la RFET., se intentó favorecer el máximo aforo posible en orden a privilegiar el aspecto deportivo sobre cualquier otro incidental. Así las cosas, si hubiéramos eventualmente celebrado esta Final en un escenario cerrado menor, posiblemente la fuerza de la hinchada argentina hubiere sido aun mayor. Por otra parte, la “emoción” y el “ambiente” repercuten tanto en la competitividad deportiva como en la dimensión emocional del evento. Cierto es que un escenario heterodoxo puede propiciar molestias inhabituales en el tenis que lamentamos; pero, también que coadyuva a la obtención de índices como los descritos al inicio de este artículo.

Recién terminada la competición, tal vez requiramos de cierto tiempo para valorar y juzgar lo que aquí ocurrió; sabido es, que todo análisis ha de hacerse con distancia.

En 1.924 Mallory e Irvine comenzaban su tercer intento de ascención del Everest. Hasta entonces, ningún escalador había logrado esa hazaña. En aquellos tiempos, los medios eran muy limitados. Desde pesadas bombonas de oxígeno, hasta ropas de lana que difícilmente cubrían las exigencias límite de una ascensión imposible. Unas horas después del inicio -de madrugada- de ascensión al Everest, no había ninguna noticia de los escaladores, hasta que, de repente, una nube que preservaba el Everest, se abrió, dejando ver dos pequeñas figuras cerca de la cima.

Hasta 1.999, en que se encontró el cuerpo de Mallory, toda la discusión y el debate se centró sobre si los escaladores privilegiaron llegar a la cima, sobre las posibilidades de sobrevivir en el descenso.

En un año en el que acabamos en la cima del Everest, han empezado los análisis críticos sobre el futuro de nuestro deporte. He dicho y sostenido que hay que apurar el instante y el fulgor del relámpago; pero comprendo la preocupación por lo que vendrá.

En un año en el que decisiones como el ojo de Halcón, la impugnación de la pista de Austin, u otros resultaron influyentes en obtener la Ensaladera, quiero agradecer a todos los aficionados que estuvieron siguiendo el tenis en un fin de semana de Diciembre en el que España necesitaba resistir; y quiero también agradecer a estos jugadores y capitán, por ayudarnos a los españoles a prevalecer. Más que una crónica de la hazaña deportiva, la Final de Sevilla, es la esperanza de que el hombre sobrevive a la angustia y a la desazón, si puede sobrecogerse con la poesía o el deporte.

Y por mi parte, agradecer a todos los que, sin el indebido protagonismo que yo he ocupado, con sus decisiones y su apoyo, nos ayudaron en momentos difíciles. Si volviera hacia atrás, no cabe duda de que hicimos bien o, al menos, en conciencia; y que esta Copa Davis es, sobre todo, una conquista.

La mayoria de los cronistas e investigadores han rechazado que Mallory e Irvine murieran después de coronar el Everest. Yo, mientras viva, me empeñaré en lo contrario.

Y así fue, como en un Diciembre que se esperaba anodino, un faro iluminó -como una luz en la sombra- las vidas inciertas de un incierto país, que -si tuviera la fe de esta Selección-, aun sería capaz de coronar el Everest.

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.

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Crecer y Evolucionar = Lentitud y Dificultades (rectificación y matización)

El escrito que con fecha 28 de junio pasado escribí y publicó la Real Federación Española de Tenis en el Blog de su página web, y que firmé como Presidente del Comité de Docencia de dicha Federación, ha tenido una dispar acogida por lo que quiero aclarar, matizar e incluso corregir algunas de las afirmaciones.

Vayan por delante mis disculpas a mis compañeros de profesión porque en algunas partes del escrito utilicé formas no adecuadas y adjetivos impropios que no debí utilizar. Por ello, quiero hacer públicas estas disculpas en el mismo medio en el que se publicó mi escrito.

En primer lugar, quiero destacar la primera frase con la que inicié el escrito “Quiero hacer una serie de reflexiones”. Ese era mi objetivo, reflexionar y compartir desde mi experiencia en Navarra, con mis compañeros de profesión en particular y con el mundo del Tenis en general, una serie de preocupaciones.

Mi intención era la de “provocar”, pero provocar el debate, eso no lo niego. En mi calidad de Presidente del Comité Nacional de Docencia, quiero trabajar para que todos los profesionales del Tenis, y en particular mis compañeros de Navarra y yo, creamos en la formación continua, revisemos constantemente nuestros métodos de trabajo y evolucionemos a la gran velocidad que nuestro deporte lo hace. Si nos acomodamos y nuestros directivos no nos lo hacen ver y comparten nuestro acomodo, los perjudicados son los deportistas que confían en nosotros.

Que trabajamos para nuestros jugadores, es un hecho, una realidad. Y por ello, debemos buscar lo mejor que darles. Y lo mejor que les podemos ofrecer e intentar transmitir es la realidad del Tenis de hoy. Un Tenis que, afortunadamente, ha evolucionado de una forma considerable en los últimos años y que gracias a la investigación y a la formación de nuestros técnicos, ha llevado a España a ser la mayor potencia mundial del Tenis y ser la envidia de cualquier país que, en otros aspectos y desgraciadamente, nos gana por goleada. ¡Enseñemos esto a nuestros jugadores! ¡Formémoslos como se merecen! ¿Algún tenista nuestro se merece no tener lo mejor? ¡Vamos a intentarlo! Pero para ello, es necesario el concurso de todos. Si queremos tener un tenis vivo, actual y con ganas de evolucionar, deberemos poner de nuestra parte. Esto no viene solo.

Para finalizar, me vais a permitir una reflexión sobre una federación pequeña, en este caso sobre Navarra. Si tomamos la vía de la evolución, iremos creciendo, sin duda. Si, por el contrario, no lo hacemos, seguiremos siendo una territorial pequeña en todos los aspectos. Tendremos nuestras actividades competitivas a través del calendario de competición y podremos hacer cientos de campeonatos regionales, pero la realidad seguirá siendo que nuestros jugadores, en sus únicas salidas al exterior como son los campeonatos de España, seguirán cosechando, por lo general, pésimos resultados por donde quiera que vayan y, después de 25 años de vida, no encontraremos nuestro progreso por ninguna parte. Yo, no quiero eso para el Tenis Español, menos aún para el Navarro.

Nada más. Solo incidir en que si alguien, con la lectura de mi primer escrito, se sitió particularmente atacado, le pido disculpas. Insisto, esa no era mi intención. Se que algunas de las expresiones utilizadas no fueron las correctas, pero quiero que todos, entrenadores, directivos, jugadores, aficionados, reflexionemos sobre qué tipo de entrenador queremos y que tipo de entrenador no queremos para nuestros clubes.


Andrés Sanzol Salinas

Presidente Comité Nacional de Docencia
Real Federación Española de Tenis

Autor Andrés Sanzol.

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Una final en el horizonte

En unos días, Sevilla vivirá una Final de la Copa Davis, clave para el tenis español. Para llegar aquí, España ha ganado dos Eliminatorias fuera, contra Bélgica y contra USA; y una muy dura en casa contra Francia. Llegar a una Final está reservado a la Leyenda, a quienes tienen la convicción. Tal vez una, pudiera dimanar de una casualidad. Pero la continuidad en los objetivos responde a un talento y a un sentimiento por los colores incomparables.

Me gustaría poder apartar todo lo accidental del espectáculo que veremos en el Estadio de La Cartuja. Que pudieramos detener el tiempo y que cada segundo alcanzara horas o edades ciegas.

Si pudiera pedir un deseo, tal vez sería apurar el instante; y poderlo hacer desde la perspectiva de unos años. Entonces -cuando estos transcurran- valoraremos lo que vamos a vivir; el regalo que este Equipo nos hará en forma de emoción, de sentimiento o de pasión.

Entraré en el Estadio Olímpico consciente de que la vida no vuelve… Cuando acaba una Eliminatoria, suelo permanecer sentado un largo instante, hasta que el sol se ahoga y la oscuridad lo invade todo. Pero es entonces cuando una luz emerge y me recuerda la fugacidad de la vida y de los buenos momentos.

En estos tiempos de redes sociales y de medios virtuales en los que sólo se habla de tenis… el deporte que amamos y que nos une… apartemos todas las diferencias, todo lo esquivo y miremos el horizonte mientras dure esa luz que sólo tiene Sevilla; ese azul que nos deslumbra…

Y cuando la bruma del Guadalquivir nos alcance, que crucemos ese río, sin miedo, como hacia una playa de arena blanca; y recordemos que la vida nos dió el regalo de estar allí, cuando unos héroes nos hicieron importantes, levantando juntos, una quimérica Ensaladera de Plata.

José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis

Autor José Luis Escañuela.