Un buen amigo periodista que trabajaba en un conocido medio sevillano, me ha remitido, en el día de hoy, su carta de despedida. Para aquellos que piensan que las desgracias no les alcanzan, me permitiré recordar aquello de no preguntes por quien doblan las campanas, porque doblan por ti. Me gustaría que esta carta -que debería ser modelo en las Facultades de Periodismo- tenga el alcance que quien ama el periodismo y la editó ha soñado. Está extractado, pero queda lo esencial, la voz rota de la soledad necesaria.
“Quiero testimoniar mi gratitud a quienes me contrataron y me dieron su confianza para contribuir a configurar la plantilla de periodistas, las apuestas informativas y los retos editoriales de un periódico planteado como el diario más completo y de más calidad que se haya hecho en Andalucía. El único que ha competido en tiempo real con los medios nacionales (con redacciones en Madrid y en Sevilla) abordando desde Sevilla todas las temáticas locales y globales, ya fuera el genoma humano o el ‘boom’ inmobiliario, la guerra de Afganistán o la magna exposición de Velázquez en la Cartuja, el 11-S o el fracaso escolar, la Cumbre Europea o el Giraldillo, la boda en Madrid de los Príncipes de Asturias o la muerte en Sevilla de Javier Benjumea, el fundador de Abengoa, el proceso a
Pinochet en Londres o el Mundial de Atletismo en la Cartuja.
Una experiencia extraordinaria en la que he aprendido muchísimo de magníficos profesionales y compañeros de diversas áreas, periodísticas y no periodísticas. Mi gratitud a todos ellos. A los que continúan en el periódico y a los que ahora están por otros derroteros. Tanto a los más veteranos como a los jóvenes. De todos he aprendido. Y a todos he intentado motivar, desde el esfuerzo y el compromiso con la envergadura del reto, a que den lo mejor de sí mismos. Y lo han hecho. Es mi mayor satisfacción, y suyo es el mérito.
El mayor o menor acierto que yo haya tenido ayudando a tomar decisiones, o a impulsar innovaciones en la oferta informativa, es una nimiedad al lado de la emoción que he sentido día y noche durante diez años al ser testigo del contagioso espíritu de superación y entrega forjado en común por muchas personas que no se conocían de antemano y que han dado una lección. Enhorabuena a todos.
Pocas veces se ha materializado mejor un lema: “El Diario que siempre has querido’. Era la frase elegida por la editora para el lanzamiento del periódico, y, además de hacerse realidad desde el punto de vista empresarial, por el salto cualitativo que suponía producir un periódico potente y avanzado como los que se hacían en Madrid y Barcelona, el lema prendió en el ánimo de los periodistas que lo elaboraban y, sobre todo, de los ciudadanos que, de modo creciente, fueron considerando que ese era el periódico que siempre habían querido leer en Sevilla.
De ahí que, cuando la empresa demoscópica que presidía José Ignacio Wert, actual ministro de Educación y Cultura, hizo sendos estudios de mercado al cumplirse el primer y el segundo año del periódico, de los que se elaboran sin que los encuestados conozcan quién encarga el estudio, manifestó su asombro por el grado de empatía que había logrado entre miles de personas que anteriormente eran fieles lectores de otros periódicos, y más aún le llamó la atención a Wert que un elevado porcentaje de los lectores de otros periódicos manifestaran que en muchas áreas informativas lo hacía mejor que su periódico habitual. Un reconocimiento que es el primer paso para convertirse en nuevo cliente de esa empresa periodística y acabar formando parte de una nueva mayoría de lectores.
También agradezco las numerosas muestras de interés hacia mi persona que se suceden durante estos días, por periodistas de todos los medios, así como por empresarios, profesores universitarios, gestores culturales, blogueros, científicos, escritores, arquitectos, ingenieros, etc., mostrándome su afecto, su apoyo, su perplejidad y su malestar. De sus palabras y comentarios se deduce una empatía con lo que ha supuesto para muchos ciudadanos. Y una preocupación por el futuro del periodismo, entendido en su insustituible función de cohesión social, de calidad de vida y de salud democrática.
En pleno desmoronamiento del bienestar general, de la España política nacida en la Transición, y del modelo de negocio mediático previo a la irrupción de internet, sienten orfandad los ámbitos de población más conocedores de la importancia del periodismo de calidad para cimentar el desarrollo económico, social y cultural. Nótese la diferencia entre lo que se ofrece y lo que se demanda, pese a que la tecnología de bolsillo permite mejor que nunca participar y compartir.
Cualquier empresa es una labor de equipo. Más aún la periodística, cuya naturaleza de inmediatez obliga a hacer muchas cosas en poco tiempo. Subrayo que el mérito es de todos, cada uno en su función, desde el presidente de la empresa hasta el vigilante nocturno de seguridad. Y no son palabras huecas, pues si los primeros pasos para lograr el éxito empresarial los da quien está al frente del proyecto, marcándose unos objetivos con buenos fundamentos, el triunfo se alcanza cuando todas las personas comparten un ambiente de motivación y contribuyen al mejor rendimiento posible de la actividad a la que sirven.
Cuando se crean las condiciones para ello, lo excepcional se convierte en lo normal y la empresa supera a sus competidores. De ahí que un vigilante de seguridad alertara de madrugada, cuando ya estaba enviado entero el periódico a la rotativa, del fallecimiento de Rafael Alberti. Y gracias a eso hubo periodistas que regresaron a tiempo a la redacción y pudieron, en pocos minutos, cambiar por completo la portada y una página interior, lo que supuso que la empresa editora se beneficiara en el quiosco por informar de una noticia relevante que otros periódicos no incluían.
Y de ahí que un colaborador, cuando regresaba a su casa a las 5 de la madrugada de un 31 de diciembre después de estar de copas con sus amigos, no pasara de largo al ver un despliegue policial junto a la Tesorería de la Seguridad Social, frente a la estación de Santa Justa, y llamara al periódico para que el vigilante le diera el teléfono del subdirector con el fin de sacarle de la cama y contarle que algo importante podía estar sucediendo, aunque no sabía ni el qué ni el por qué. Era el descubrimiento del vehículo que ETA colocó allí con 100 kilos de explosivos para provocar una masacre. Y fue el único medio que estuvo presente con redactores y fotógrafos en las horas de aquella feliz operación policial. Son solo dos ejemplos de los centenares que podría citar.
Hoy, cuando todo se ejecuta desde criterios economicistas, es básico reivindicar, desde la experiencia, que los conceptos básicos para la viabilidad de una empresa periodística (inversión, rentabilidad, productividad, competitividad, calidad del producto, liderazgo, valor de la marca, reputación, sinergias,…) tienen que ser propulsados desde la acción periodística. El liderazgo informativo conduce al liderazgo social y lleva a la rentabilidad comercial cuando se consigue hacer más y mejor periodismo a menor coste. Cuando se hace un periódico con vocación de liderazgo, poco a poco se vinculan todos los sectores de la sociedad, todos los poderes, todos los anunciantes, pues quieren relacionarse con una marca de prestigio.
Agradezco la oportunidad que he tenido para romper compartimentos estancos entre los departamentos periodísticos y no periodísticos, para poner en común ideas y necesidades, y conjugar la calidad informativa, el servicio a los lectores y el beneficio económico para la empresa. Pasa la vida, y ahora toca seguir haciendo camino.”
Que así sea, y que una despedida no sea más que la preparación para un reencuentro. Un abrazo a Juan Luis Pavón.
José Luis Escañuela
Presidente
Real Federación Española de Tenis